OLIVEIRA "JUAN OLIVEIRA VIÉITEZ" [Tui 1928] Generar pdf Vista de Impresion Enviar por E-mail Mosaico de Obras

Miembro de una familia distinguida, en la infancia y juventud del escultor Juan Oliveira no existe la más mínima relación directa con el arte. Si, en cambio, una pasión irrefrenable por los caballos que admira, monta y cría para concursos hípicos. Mil dedicaciones, viajes y actitudes de dandi llenan su vida hasta que un día reflexiona sobre sus posibilidades de que el caballo sea escultura, y no mero "bibelot" de adorno para salones de postín. Se ha relacionado con artistas como Xavier Pousa y el escritor Eliseo Alonso. Modela, en cera, su primer caballo, escueto, sinóptico, pura lección de antomía veterinaria, como un entretenimiento, en su romántica finca de acceso al monte Aloia, que ha servido de escenario para películas de Jaime de Armiñán. Muestra su tanteo a los amigos cercanos, que lo elogian. Pide la opinión de un crítico, y quien esto escribe es invitado a ser juez definitivo. Sorpresa ante la expresividad de aquel fragmento de equino como desgarrado por una explosión, de alguna manera aproximable a las escasas y bellísimas esculturas que hizo el pintor impresionista Edgar Degas. Juicio por completo favorable. Estamos en los años sesenta, ya muy avanzados. Oliveira se entrega apasionadamente al modelado, montando artilugios que soporten la débil y escurridiza cera, que se perderá en la fundición. Se inician las exposiciones y llegan los juicios entusiastas de Castroviejo, Antonio Cobos, Castro Arines, Santos Torroella, Angel Marsá, Fernando Gutierrez. La obra de Oliveira recorre España y salta al extranjero. Entusiasma en Inglaterra, país amante de los caballos y criador de ejemplares magníficos. Gusta en Suramérica. Concurre a la Bienal de Pontevedra y consigue galardón. Le encargan monumentos. Realiza uno al Perro Vagabundo, en el zoológico de Madrid, y otro, con su animal preferido, el caballo, titulado "Pegaso", en el Aeropuerto de la capital de España. En Vigo realiza primero el monumento a Europa, simbolizando el mítico rapto en formas muy escuetas, y al fin emprende su obra más monumenta, la cascada ascendente y espiral de cinco enormes caballos, con cerca de una veintena de metros de altura, para la Plaza de España, que constituyen ya signo emblemático de la ciudad. También ha rematado con caballos el Centro Cultural Caixavigo. Llega a los museos, y está representado en todos los de Galicia y en otros de España y del mundo. Oliveira es un ideador de formas; un sintetizador de anatomías, que disecciona a los animales para reducirlos a menos que referencia ósea. En su escultura todo es tensión, dinamismo, expresividad. Sus figuras son como apuntes fugaces que el bronce perpetúa. El juego de ritmos, de curvas y ángulos, de oquedades y superficies rugosas, resulta facinante. Ha modelado también temas deportivos, taurinos y de juegos infantiles, siempre en la misma actitud rotundamente opuesta a lo estático. Por el contrario, su dinamicidad es pura violencia, estallido, esfuerzo.

BIBLIOGRAFIA

-Pablos, Francisco: Juan Oliveira. Exposición antológica. Vigo, Caixavigo, 1990. -Pablos, Francisco: Plástica gallega. Vigo, Caixavigo, 1981. -20 años de arte en Pontevedra. Pontevedra, Diputación provincial, 1989.

Mosaico de Obras

[9077] Salto
[1987] Bronce Bronce
[9062] Hacia delante
[1985] Bronce Bronce
[9061] Empuje
[1985] Bronce Bronce
[9119] Pegaso
[1990] Bronce Bronce
[9143] Espiral
[1984] Bronce y mármol Bronce e mármore
   
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