ÁLVARO NEGRO "ÁLVARO NEGRO ROMERO" [Lalín, Pontevedra 1973]
El ambiente de inquietud artística surgido en su villa natal, a partir de la dedicación que a la obra de Laxeiro se realiza en ella, probablemente influye en su vocación artística, que se concretará en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra, en la que cursa la carrera los años 1991 a 1996.
En 1994 se le concede el premio de pintura de la Universidad de Vigo, así como una beca Erasmus, para una estancia de tres meses en la Universidad irlandesa de Limerick. En 1996 consigue beca artística del Ayuntamiento de Mojácar, en Almería, y el segundo premio de pintura de la Fundación Rutas del Románico, de Pontevedra. Al año siguiente la Diputación de A Coruña adquiere obra suya en el certamen Díaz Pardo, así como en la quinta edición de la Mostra Unión Fenosa, en la IV Bienal de Pintura Ciudad de Pamplona y en Vitoria, Alava.
Ha participado en los cursos y talleres de Valdepeñas, A Coruña, dirigidos por Lucio Muñoz y Rafael Canogar, bajo el auspicio de Unión Fenosa, en el de Compostela impartido por Jannis Kounellis y en el Seminario Arte y Literatura del Centro Galego de Arte Contemporánea, de la misma ciudad.
Colectivamente ha expuesto en ciudades de España y Portugal, y de modo individual en Santiago y Madrid.
Poseen obras suyas el Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa, de A Coruña, y diversas instituciones de Galicia, País Vasco y Navarra. Álvaro Negro es un pintor conceptual, rigurosamente informalista, adscrito a una estética que parte de la geometría para realizar ejercicios de extraordinaria simplicidad. Grandes superficies casi neutras, en negros y azules, le bastan para expresarse.
La mancha es uniforme, sin gradaciones. Un polígono como caprichoso, que cruza diagonalmente el soporte, insinúa el acceso a un espacio de luminosidad ocluída. Ningún alarde, sino la más absoluta sobriedad, salvo las líneas que lo encierran, como mordidas o dubitantes. Si acaso, en el negro absoluto, unas rascaduras capaces de invitar al espectador a dirigir a ellas la mirada.
Cualquier alarde de dibujo está ausente de esta pintura tan silenciosa, tan escueta, en la que sobre una superficie en ocres se inscribe la red absolutamente regular de rayados verticales y horizontales, para compartimentarla en cuadrados infinitos.
La tensión está como contenida. Y sin embargo, existe. Porque nada es gratuito en Álvaro Negro, sino profundamente razonado y elaborado. Con tan escasos elementos, interesa y hasta emociona su obra, tan densa, tan ajena a las referencias tradicionales, aunque perfectamente emparentable con modos que inició el grupo "El Paso" y alguno de los miembros de "Dau al Set", en Madrid y Cataluña, cuando mediaba la presente centuria.