Famoso y respetado en Suramérica, prácticamente desconocido en su tierra natal hasta el inicio de la última década de la pasada centuria fue invitado a exponer en Compostela, Manuel Pailòs Blanco es uno de los más vanguardistas plásticos de Galicia y sin duda el más conspicuo seguidor, hasta identificarse a veces por completo con él, de Joaquín Torres García, el uruguayo creador del constructivismo, movimiento innovador de enorme influencia en buena parte de la pintura europea de los años de entreguerras mundiales.
Cuando tiene sólo dos años, la familia del futuro pintor se traslada a Uruguay, y el chico comienza muy pronto a asistir a las clases del Círculo de Bellas Artes de Montevideo, con los profesores Laborde y Cuneo. Son años de búsqueda, con atisbos surrealistas, que quedarán patentes en obras que acusan influencias de Picabia.
Al iniciarse los años cuarenta conoce a Torres García, a cuyo taller se vincula en 1943. El gallego ensaya todos los procedimientos pictóricos, desde los tradicionales a los artesanales. Durante cuatro años enseñará en la escuela del autor de un libro fundamental en la historia de las vanguardias contemporáneas, titulado “Universalismo constructivo”.
Pailòs comenzó a exponer en 1955 individualmente, en
Consigue reconocimientos destacados, a partir de 1966, entre ellos medalla de oro en el Salón de Primavera de Salto en 1970, lugar donde confirmarán tal reconocimiento dos años más tarde con el gran premio del certamen.
Cultivador también de la escultura, participó en la primera Bienal de la especialidad en Montevideo en 1969, en la de Pintura de dicha ciudad al año siguiente y en las de Sao Paulo de 1971 y Colombia de 1972.
Está representado en los museos Nacional de Artes Plásticas de Montevideo, Municipal de dicha capitalidad, Centro Nuevo de Cultura de Buenos Aires, etc., así como en colecciones notables de Estados Unidos, Buenos Aires, Alemania, Israel y Colombia.
En su primera etapa, Pailòs es un cubista ortodoxo, a veces sinóptico y otras barroquista, al modo del postrer Bracque. A partir de su encuentro con Torres García, cambia, o mejor, evoluciona hacia el constructivismo geometrizante, fragmentado, sinóptico y vagamente narrativo, al que incorpora elementos de la grafía jeroglífica de culturas precolombinas, en franjas descriptivas de referencias marítimas, hasta alcanzar un ingenuismo eminentemente lírico que podría ser el arranque de la peculiar pintura del también gallego Peteiro, hoy tan estimado.
Cromatismo exultante, de fuertes contrastes en rojos, azules, negros, a modo de “puzzle” que van componiendo, con resultado de caprichoso mosaico, los diversos fragmentos. El resultado es de una total plasticidad dentro de su aparente elementalidad, desde la razón, el orden, la reflexión más cabal.
- VV.AA.: Pailòs. Compostela, 1991.
- Pablos, Francisco: La pintura en Galicia. Gijón. Vigo, 2003.
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