Hijo de una acaudalada familia industrial, cuya madre fallece cuando el futuro artista tiene pocos meses de edad. Cuidado con suma atención en su primera niñez ante el temor de que hubiera heredado la enfermedad cardíaca de su madre, dibuja en la cama, donde está casi siempre, hasta los ocho años. Sus recuerdos familiares le harán unir sus apellidos paternos, Durán y Camps. Cursa los primeros estudios en las Escuelas Pías de su ciudad natal, donde tuvo como profesores a Vila Cinca y Vila Arrufat. Posteriormente trabaja con el paisajista Joaquín Mir, durante la estancia del gran postimpresionista en Mollet, entre 1915 y 1917. Serán las únicas lecciones a lo largo de su extensísima carrera, por lo que él se consideraba un autodidacta.
Expuso por primera vez en Sabadell, en 1915, en una colectiva. La individual que lo da a conocer la realiza en Barcelona, una serie de paisajes de Mallorca, Aranjuez y Galicia, en 1917. Participó después poquísimas veces en certámenes, si bien en el concurso Masriera de 1920 obtuvo medalla de honor.
Recorre Italia en 1923, y al año siguiente expone por primera vez en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes. En 1926 se traslada a París, ciudad que ya conocía, donde, por consejo de Santiago Rusiñol, permanece hasta 1938, con escapadas a Cataluña para realizar ocho plafones en el salón de las Casas Consistoriales del Pueblo Español de Montjuic con motivo de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.
Convive con Picasso y Utrillo, de quien cuelga obras en la galería propia que instala en París, próxima a los Campos Elíseos, junto a las de Dufy, Chirico, Gargallo, Jacob, Vlaminck, Derain, Miró, Dalí. En plena guerra civil regresa a España y se instala en San Sebastián. Desde entonces realiza exposiciones frecuentes en Barcelona, Madrid, París, así como en Londres, Filadelfia, Buenos Aires.
Durante su dilatada vida pinta más de dos millares de cuadros. Está representado en los museos de Arte Moderno de Madrid, de Barcelona, San Sebastián, Buenos Aires, París, Bucarest y galería Pitti de Florencia.
Durancamps comenzó cultivando un impresionismo de factura muy suelta, del que derivó hacia formas mucho más concretas basadas en un sólido dibujo, que le llevan a un personal realismo en el que importa destacar el fuerte contraste entre luz y sombra y el de su cromatismo, tan rígido que llega a siluetear los elementos de sus representaciones.
Son magníficos sus bodegones, donde elementos comunes -un libro, un vaso- cobran importancia mayúscula por el verismo que les da, verdadero anticipo, quizá sin pretenderlo, del hiperrealismo años después tan en boga.
En sus paisajes hay siempre una gran dinámica. Son escenas ideadas en las que el movimiento ha sido sorprendido y retenido para siempre con el óleo. Hay mucho del postrer Goya en esta pintura, y también de Nonell. Se acercó con frecuencia al tema taurino, si bien desfolklorizándolo.
- VV.AA.: Durancamps.
Barcelona, La Gran Enciclopedia Vasca, 1974.
- Maragall, Joan A.: Historia de la Sala Parés
Barcelona, Edit. Selecta, 1975.
- Campoy, A.M.: Diccionario crítico del arte español contemporáneo.
Madrid, Ibérico Europea de Edic., 1973.
- Gaya Nuño, J. A.: La pintura española del siglo XX.
Madrid, Ibérico Europea de Edic., 1970.
- Moreno Galván, José María: 1ntroducción a la pintura española actual.
Madrid, Pub. Españolas, 1960.
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