JOAQUÍN VAAMONDE "JOAQUÍN VAAMONDE CORNIDE" [A Coruña 1872 - 1900]
Artista susperdotado, su cortísima vida, que no le permitió alcanzar los 30 años, truncó una carrera que desde la nada y las mayores dificultades fue fulgurante.
Inició sus estudios de pintura con Isidro Brocos, de tan excelente magisterio y profesor del Picasso niño que residió cuatro años en la ciudad atlántica.
No encuentra ambiente para el arte en A Coruña y decide emigrar a América. La condesa de Pardo Bazán, su protectora entusiasta años más tarde, reconoce que esa capital de provincia gallega era «medio poco favorable para la creación artística».
Deambula por Montevideo y Buenos Aires y ha de asirse a todo para sobrevivir. Nada se sabe de esta aventura americana, de la que regresa en 1894, ya con un dominio considerable de la técnica del pastel. El muchacho tiene 22 años y está decidido a triunfar.
Se ofrece a hacer un retrato a doña Emilia Pardo Bazán, a la que visita en su residencia del pazo y torres de Meirás. La proposición, inicialmente rechazada por la linajuda escritora, metida en carnes y hasta rolliza desde su juventud, es aceptada, y a la segunda sesión queda encantada de la vitalidad y elegancia que transmite el mozo, probablemente un tanto tosco, a juzgar por su autorretrato.
La escritora lleva la pintura a su residencia madrileña y la exhibe ante sus amistades, lo que es suficiente para que lluevan los encargos sobre el artista coruñés. Al año siguiente, 1895, se presenta a la Exposición Nacional de Bellas Artes y obtiene mención honorífica. Los retratos le proporcionan fama y dinero. Posan para él altas personalidades, incluso la duquesa de Alba. Uno de sus modelos es el doctor Pérez Costales, también retratado por Picasso niño y su protector en A Coruña.
Vaamonde viaja por Europa, visita los grandes museos y comienza a despreciar su propia obra, que considera ocasional e inferior a la de los grandes maestros. Esa misma sensación la siente en Madrid, en el Museo del Prado, hasta el punto de que está decidido a destruir sus cuadros, lo que impide la condesa de Pardo Bazán.
Cuando apenas ha superado los veinticinco años, Vaamonde enferma de tuberculosis. Abandona Madrid y retorna a A Coruña, donde vive rodeado de atenciones por su protectora. La condesa hace frecuentes viajes a París. Durante uno de ellos, al regresar a su hotel tras participar en un homenaje a Balzac, un telegrama le da noticia de que Joaquín Vaamonde ha muerto en su casa de Meirás, el 18 de agosto de 1900.
Escribe sobre el artista, a quien llama «el retratista de las elegancias», y cita algunas de sus piezas, como el retrato del gran violinista Pablo Sarasate. Después, el pintor será contrafigura en una de sus novelas, titulada «La Quimera».
La obra de Vaamonde está en el Museo de Arte Moderno de Madrid; en los de Galicia, principalmente en el de A Coruña, y en colecciones particulares.
Fue un elegante y preciso captador de caracteres, desde el trazo suelto, ligero, vaporoso de sus barras de pastel. Colorista magnífico, penetra en la psicología de sus modelos, sobre todo cuando no tiene el compromiso de halagar a los femeninos. Ejemplos magníficos son los retratos de Costales y el que le tuvo a él mismo por modelo, una cabeza de cráneo ancho, cabello crespo, cejas y barba pobladas y bigote y barba abundantes, en una mirada al tiempo inquisitiva y quizá algo miope. Y toda esa extensa obra la realiza en poco más de un quinquenio, compartiéndola con sus viajes y con la asistencia en poco más de un quinquenio, compartiéndola con sus viajes y con la asistencia impuesta a actos sociales, así como en el obligado reposo de su enfermedad pulmonar, de la que detalles la escritora que hizo novela de la vida del pintor.
BIBLIOGRAFIA
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