ANTONIO DE PUGA[Ourense 1602 - Madrid 1648] Generar pdf Vista de Impresion Enviar por E-mail Mosaico de Obras

Después de casi tres siglos de oscuridad, el nombre de este artista, el primero de Galicia verdaderamente notable, ha adquirido la importancia que merece, a partir de la datación precisa de algunos aspectos de su vida y obra, gracias a las pacientes investigaciones de María Luisa Caturla, su principal biógrafa y estudiosa. Ya no caben dudas sobre su origen, puesto que la partida bautismal nos dice que nació en Ourense, en 1602, hijo del sastre del mismo nombre y de Ynés Rodríguez, probablemente el tercero de los hijos de tan modesta familia. Algunos historiadores - Sánchez Cantón, entre ellos - suponen que probablemente hizo estudios eclesiásticos antes de dedicarse a la pintura, ya que entra, a la tardía edad de 30 años, como ayudante en el taller de un artista hoy de escaso renombre, pero en su tiempo de considerable aceptación, Eugenio Caxés. La etapa del orensano en tan rutinario ambiente le da oficio, pero no personalidad. Ha de esperar a la muerte de su maestro para trabajar más libremente. Entonces, comienza su verdadera pintura, que durante mucho tiempo se ha confundido con la juvenil de Velázquez, su contemporáneo en la corte de Felipe IV. Algunas escenas de género y bodegones son en verdad, coincidentes. Antonio de Puga participa en algunos encargos oficiales de considerable empeño, si bien de modo modesto, como es el Salón de Reinos. Relación con Velázquez y su entorno debió tenerla Puga, puesto que en su testamento, otorgado en 1635, precisa la restitución de 32 reales al yerno del genial artista sevillano. Nuestro pintor, probablemente tuberculoso, enfermedad muy extendida en su época, superó su precario estado de salud en la fecha en que testa, y manifiesta su interés por el arte, ya que tres años después acude a la almoneda de los bienes de su colega Vicencio Carducho, pintor de asuntos religiosos y ambientes identificados con Zurbarán, otro genio contemporáneo, y adquiere medio centenar largo de dibujos en 90 reales. Trabaja intensamente durante una decena de años, realizando obra que va a repartirse por el mundo. Otorga nuevamente testamento en Madrid, en cuya calle Peligros reside, el 9 de marzo de 1648. Aventura María Luisa Caturla que probablemente falleció el día siguiente, si bien, pocas horas antes del óbito, rectifica, por codicilo, el lugar de su enterramiento, que será en San Ginés. Acusa nuestro pintor múltiples influencias. La más notable es la temprana velazqueña, aunque también se interesa por Tiziano y por Zurbarán. Curiosamente, casi toda su obra está sin firmar. Solamente en una ocasión, en el «San Jerónimo» que guarda el Bowes Museum de Barnard Castle, se identifica por completo como Antonio de Puga, y data la obra en 1636. Es un cuadro muy riberesco, como acontece con otros que se le atribuyen. Y en el reverso de la «Magdalena penitente», del Paul Getty Musem, de Malibú, California, U. S. A., se aprecia la inscripción de «PVGA», hoy no visible porque el cuadro ha sido reentelado. Los asuntos religiosos del orensano demuestran que fue un excelente dibujante, probablemente lector de libros de mística y con detalles alegóricos que manifiestan su buen nivel cultural. Cuida las carnaciones y hay un concepto casi escenográfico, intensificando el claroscuro en luces efectistas, identificable con Ribera y con los gustos que había impuesto Caravaggio. En los temas populares dominan los carmines atenudados, los tierras y los tonos oscuros, con un gran dominio del negro. Debió ser excelente retratista, a juzgar por el de su madre, de un realismo sin concesiones, aunque la figura de la recia anciana no esté exenta de ternura. El cuadro, de los fondos del Prado, fue expuesto por Caixavigo en su inicial antológica de todo el Arte de Galicia, en 1980, y hoy está cedido al Museo de Pontevedra. El «Soldado muerto», de la National Gallery de Londres, confirma el dominio que del dibujo tenía Puga, ya que se trata de un atrevidísimo escorzo muy bien resuelto. La pieza que posee Caixavigo corresponde a la identificación con lo inicial velazqueño, y parece directamente sacada de una novela picaresca. El Buscón, Guzmán de Alfarache, Marcos de Obregón, pudieron ser así, porque ese tipo, enjuto, gozador de lo humilde, vividor al día y sin mañana seguro, es propio de la España del siglo XVII. Además de los museos citados, hay obras atribuidas a Antonio de Puga en los de Kovenhaven; Kunsthistorischen de Berlín; Ermitage de Leningrado; Puerto Rico; Croker de Sacramento, California; Chicago; Carolina del Norte y Vigo, así como en colecciones particulares. Puga es un pintor muy característico del tránsito al Barroco, bien dotado, con excelente oficio, a veces un poco frío, aunque en general lleno de sensibilidad, que debió producir casi siempre por encargo, sin tener muchas oportunidades de expresarse con la libertad que el artista exige para manifestar su verdadero talento.

BIBLIOGRAFIA

-Caturla, María Luisa: Antonio de Puga, pintor gallego. A Coruña, Fundacion Barrié de la Maza, 1982. -Lafuente Ferrari, Enrique: Breve historia de la pintura española. 4ª edición. Madrid, Edit. Tecnos, 1953. -Mayer, Augusto L.: Historia de la Pintura española. 3ª edic. Madrid, Espasa Calpe, 1947. -Camón Aznar José: La pintura española del siglo XVII. Tomo XXV de "Summa Artis". Madrid, Espasa Calpe, 1977. -Pablos, Francisco: Plástica gallega. Vigo, Caixavigo, 1981. -Diccionario Larousse de la Pintura. Vol. III. Barcelona, Planeta-Agostini, 1987.

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[224] El bebedor
[1643] Óleo sobre lienzo Óleo sobre lenzo
   
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