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La obra representa el recllano de las escaleras que llevan el estudio del artista.
La representación del estudio es un tema muy del gusto de los creadores clásicos que pretendían defender el valor y la nobreza de la pintura y, por lo tanto, la dignidad del artista aunque, en este caso, Seijo Rubio se permite la licencia de introducir una variante y representar la subida al estudio porque es un espacio mas decorado, mas amueblado, lo que le permite jugar con la corporeidad de los objetos, cuidando los detalles, rechazando la pincelada mas suelta e impresionista propia de sus paisajes.
El autor, excelente ilustrador, realizo una obra con mimo y minuciosidad, dejando traslucir ese gusto por lo descriptivo, propio de la pintura decorativa y ornamental. Podemos adivinar el fino trazo del lápiz escondido bajo los colores seleccionados dentro de una misma gama de tonos tierra, castaños, amarillos y ocres, lo que le confiere una gran armonía a la composición.
A obra representa o rechán das escaleias que levan ó estudio do artista.
A representación do estudio é un tema moi do gusto dos creadores clásicos que pretendían defender o valor e a nobreza da pintura e, por ende, a dignidade do artista aínda que, neste caso, Seijo Rubio se permite a licencia de introducir unha variante e representa-la subida ó estudio porque é un espacio máis decorado, máis amoblado, o que lle permite xogar coa corporeidade dos obxectos, coidando os detalles, rexeitando a pincelada máis solta e impresionista propia das súas paisaxes.
O autor, excelente ilustrador, realizou unha obra con mimo e minuciosidade, deixando traslucir ese gusto polo descritivo, propio da pintura decorativa e ornamental. Podemos adiviñar o fino trazo do lapis escondido baixo as cores seleccionadas dentro dunha mesma gama de tons terra, castaños, amarelos e ocres, o que lle confire unha grande harmonía á composición.
A caballo entre el impresionismo tardío, que arranca de Pisarro, y el racismo un tanto folklórico que impuso en su tiempo el vasco Ignacio Zuloaga, está la pintura de este madrileño, vinculado de por vida a A Coruña, ciudad en la que realizó una labor extraordinaria como didacta. Cursó la carrera de San Fernando y decidió compartir la enseñanza y la pintura. Su éxito como opositor fue fulgurante, ya que ganó cátedras de Dibujo y Caligrafía en institutos de segunda enseñanza y en escuelas de Comercio. Trabajador infatigable, pinta muchísimo a lo largo de su dilatada vida. Su primer galardón lo consigue en la Exposición Hispano Francesa de Zaragoza, en 1908, con motivo del centenario de la guerra de la Independencia. Gana medalla de segunda clase. Intervino eficazmente, con su gran capacidad organizadora, en la Exposición Regional de Arte de Galicia, de 1917, a la que hace además una amplia aportación. Acude a las Nacionales de Bellas Artes, y en la de 1926 gana tercera medalla por su cuadro «La Marisma», que fue adquirido por el Museo de Arte Moderno de Madrid, en cuyos fondos figura. Reitera sus exposiciones personales en todas las ciudades de Galicia y lleva su obra a Buenos Aires. La asombrosa actividad de Seijo Rubio se ve compensada por la designación como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora del Rosario, de A Coruña, y miembro correspondiente de la Real Academia Gallega y de la Academia de San Fernando. Funda el Museo de A Coruña, al que comienza a dar vida con la adquisición de obras importantes y la gestión de legados que son hoy orgullo de ese remozado y ampliado centro de arte. Tal organización merece elogios de Juan Antonio Gaya Nuño. Había sucedido Seijo Rubio en una labor puramente simbólica a Angel del Castillo y al pintor Fernando Alvarez de Sotomayor, más es con él con quien cobra vida la institución, a partir de 1947. Hasta su fallecimiento, el 9 de septiembre de 1970, el artista pinta, incrementa las colecciones del museo, forma artistas, organiza certámenes y es, en fin, motor de la vida plástica y cultural a la que entregó su vida y por la que merece ser considerado como coruñés de honor. Seijo Rubio está representado en el Museo de Arte Moderno de Madrid, en todos los de Galicia, en algunos de Sudamérica y en importantes colecciones. Su paisajismo es sincero, directo, de mancha gruesa y efectiva. Tenía una paleta rica y caliente. Capta muy bien los ambientes populares, a los que da dimensión plástica desde unos modos sueltos y hasta enérgicos. A veces abigarra la materia, un poco como las «fauves», aunque siempre haya que considerarlo como impresionista. Se acercó a la pintura literaria, como decimos influído por Zuloaga, y en ese apartado es famoso su cuadro «O cego de Santa Margarita», que conserva el museo vigués, con mucho carácter, aunque no haya en Seijo el dibujante firmísimo que era el vasco.
-Barreiro, Alejandro: Del arte gallego. A Coruña, 1917. -Chamoso Lamas, Manuel: «Arte», en Galicia. Barcelona, Edit. Noguer, 1976. -Pablos, Francisco: Pintores gallegos del Novecientos. A Coruña, Fundación Barrié de la Maza, 1981. -Pablos, Francisco: Plástica gallega. Vigo, Caixavigo, 1981. -Pablos, Francisco: Colección Adriano Marques de Magallanes. Vigo, Excmo. Ayuntamiento, 1992. -VV. AA.: Un siglo de pintura gallega 1880/1980. Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes, 1984. -Gaya Nuño, J. A.: La pintura española del siglo XX. Madrid, Ibérico Europea de Edic. 1970. -Gaya Nuño, J. A.: Historia y Guía de los museos de España. Madrid, Edit. Espasa Calpe 1955. -Mon Fernando: Pintura Contemporánea en Galicia. A Coruña, Caixa Galicia, 1987.
A cabalo entre o impresionismo tardeiro, que arranca de Pisarro, e o racialismo un tanto folclórico, que impuxo no seu tempo o vasco Ignacio Zubaga, está a pintura deste madrileño, vencellado de por vida á Coruña, cidade na que realizou un labor extraordinario como didacta. Cursou a carreira en San Fernando e decidiu comparti-lo ensino e maila pintura. O éxito como opositor foi fulgurante, xa que gañou cátedras de Debuxo e Caligrafía en institutos de segunda ensinanza e mais en escolas de Comercio. Traballador infatigable, pinta moitísimo ó longo da súa dilatada vida. O seu primeiro galardón consígueo na Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza, en 1908, con motivo do centenario da guerra da Independencia. Gaña medalla de segunda clase. Interveu eficazmente, coa súa gran capacidade organizadora, na Exposición Rexional de Arte de Galicia, de 1917, á que fai ademais unha ampla aportación. Acode ás Nacionais de Belas Artes e na de 1926 gaña terceira medalla polo seu cadro «La Marisma», que foi adquirido polo Museo de Arte Moderna de Madrid, nos fondos do cal figura. Reitera as súas exposicións persoais en tódalas cidades da Galicia e leva a súa obra a Bos Aires. A abraiante actividade de Seijo Rubio vese compensada pola designación de membro da Real Academia de Belas Artes de Nosa Sra. do Rosario, da Coruña, e membro correspondente da Real Academia Galega e da Academia de San Fernando. Funda o Museo da Coruña, ó que comeza a dar vida coa adquisición de obras importantes e a xestión de legados que son hoxe orgullo dese renovado e ampliado centro da arte. Tal organización merece eloxios de Juan Antonio Gaya Nuño. Seijo Rubio sucedera nun labor puramente simbólico a Ángel del Castillo e ó pintor Fernando Álvarez de Sotomayor, pero é con el con quen cobra vida a institución, a partir de 1947. Ata o seu falecemento, o 9 de setembro de 1970, o artista pinta, incrementa as coleccións do museo, forma artistas, organiza certames e é, ó cabo, motor da vida plástica e cultural á que entregou a súa vida e pola que merece ser considerado como coruñés de honor. Seijo Rubio está representado no Museo de Arte Moderna de Madrid, en tódolos de Galicia, nalgúns de Sudamérica e en importantes coleccións. O seu paisaxismo é sincero, directo, de mancha grosa e efectiva. Tiña unha paleta rica e quente. Capta moi ben os ambientes populares, ós que dá dimensión plástica desde uns modos soltos e ata enérxicos. Ás veces recarga a materia, un pouco coma os "fauves", anque sempre o haxa que considerar como impresionista. Achegouse á pintura literaria, como decimos, influído por Zuloaga e, nese apartado, é famoso o seu cadro «O cego de Santa Margarita», que conserva o museo vigués, con moito carácter, aínda que non haxa en Seijo o debuxante firmísimo que era o vasco.
-Barreiro, Alejandro: Del arte gallego. A Coruña, 1917. -Chamoso Lamas, Manuel: «Arte», en Galicia. Barcelona, Edit. Noguer, 1976. -Pablos, Francisco: Pintores gallegos del Novecientos. A Coruña, Fundación Barrié de la Maza, 1981. -Pablos, Francisco: Plástica gallega. Vigo, Caixavigo, 1981. -Pablos, Francisco: Colección Adriano Marques de Magallanes. Vigo, Concello, 1992. -VV. AA.: Un siglo de pintura gallega 1880/1980. Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes, 1984. -Gaya Nuño, J. A.: La pintura española del siglo XX. Madrid, Ibérico Europea de Edic. 1970. -Gaya Nuño, J. A.: Historia y Guía de los museos de España. Madrid, Edit. Espasa Calpe 1955. -Mon Fernando: Pintura Contemporánea en Galicia. A Coruña, Caixa Galicia, 1987.
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La obra representa el recllano de las escaleras que llevan el estudio del artista.
La representación del estudio es un tema muy del gusto de los creadores clásicos que pretendían defender el valor y la nobreza de la pintura y, por lo tanto, la dignidad del artista aunque, en este caso, Seijo Rubio se permite la licencia de introducir una variante y representar la subida al estudio porque es un espacio mas decorado, mas amueblado, lo que le permite jugar con la corporeidad de los objetos, cuidando los detalles, rechazando la pincelada mas suelta e impresionista propia de sus paisajes.
El autor, excelente ilustrador, realizo una obra con mimo y minuciosidad, dejando traslucir ese gusto por lo descriptivo, propio de la pintura decorativa y ornamental. Podemos adivinar el fino trazo del lápiz escondido bajo los colores seleccionados dentro de una misma gama de tonos tierra, castaños, amarillos y ocres, lo que le confiere una gran armonía a la composición.
A obra representa o rechán das escaleias que levan ó estudio do artista.
A representación do estudio é un tema moi do gusto dos creadores clásicos que pretendían defender o valor e a nobreza da pintura e, por ende, a dignidade do artista aínda que, neste caso, Seijo Rubio se permite a licencia de introducir unha variante e representa-la subida ó estudio porque é un espacio máis decorado, máis amoblado, o que lle permite xogar coa corporeidade dos obxectos, coidando os detalles, rexeitando a pincelada máis solta e impresionista propia das súas paisaxes.
O autor, excelente ilustrador, realizou unha obra con mimo e minuciosidade, deixando traslucir ese gusto polo descritivo, propio da pintura decorativa e ornamental. Podemos adiviñar o fino trazo do lapis escondido baixo as cores seleccionadas dentro dunha mesma gama de tons terra, castaños, amarelos e ocres, o que lle confire unha grande harmonía á composición.
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