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La obra, fundida en bronce en el año 1986, conserva la calidez de la pieza de barro, de la que nace, siendo visibles las huellas de su autor, la ternura que les confería a todas sus criaturas. El gesto de la niña sentada, dirigiendo su mirada al aire, es soñador y ausente. Los sentimientos de inocencia y humanidad se hacen evidentes en una pieza que inspira deseos de abrazar a la figura, que busca la implicación afectiva entre obra y espectador.
La sencillez es el rasgo mas destacado de la pieza que, a pesar de su pequeño tamaño, sorprende por su monumentalidad y por la rotundidad de las formas. Su volumen compacto evidencia una obra bien construída, con dominio del oficio, que se apoya en sus conocimientos del Románico y del arte popular.
La presencia de la linea curva, de la forma cerrada y concreta de la figura, es un ejemplo de la clara evolución del artista en sus años finales, en los que logra mantener el difícil equilibrio que supone asimilar lo mas tradicional de la plástica gallega, de los canteros, para ganar con esto en modernidad e innovación.
A obra, fundida en bronce no ano 1986, conserva a calidez da peza de barro, da que nace, sendo visibles as pegadas do seu autor, a tenrura que lles confería a tódalas súas criaturas. O xesto da rapaza sentada, dirixindo a súa mirada ó aire, é soñador e ausente. Os sentimentos de inocencia e humanidade fanse evidentes nunha peza que inspira desexos de abrazar á figura, que busca a implicación afectiva entre obra e espectador.
A sinxeleza é o rasgo máis destacado da peza que, a pesar do seu pequeño tamaño, sorprende pola súa monumentalidade e pola rotundidade das formas. O seu volume compacto evidencia unha obra ben construída, con dominio do oficio, que se apoia nos seus coñecementos do Románico e da arte popular.
A presencia da liña curva, da forma pechada e concreta da figura, é un exemplo da clara evolución do artista nos seus anos finais, nos que logra mante-lo difícil equilibrio que supón asimila-lo máis tradicional da plástica galega, dos canteiros, para gañar con esto en modernidade e innovación.
De origen humilde, su madre emigra a América cuando el pequeño Antón tiene poco más de un año. Vive en ámbitos aldeanos con sus abuelos, dedicado al cuidado del ganado. Su aprendizaje de escultor lo inicia en Piñor, siguiendo los pasos de su tatarabuelo, «santeiro» que trabajó incluso al tacto, cuando en la ancianidad se quedó ciego. A los doce años, Antón trabaja como cantero en Ourense, en tareas industriales, que le dan un gran dominio del oficio. Se matricula en la Escuela de Artes y Oficios, donde es alumno de un magnífico didacta, Luis Fernández Xesta, que tanto ha influído en la formación de artistas orensanos. Con el maestro Núñez aprende a tallar madera, y con Daniel Piñeiro continúa su cotidiana labor. Al concluir el primer cuarto de siglo XX, Failde tiene ya su propio taller, y en él se inicia en la verdadera creación artística, convencido de que puede ser un escultor personal a partir de su oficio de cantero y tallista. En Ourense convive con otros artistas y estudia apasionadamente en la catedral, con pórtico de la escuela del Maestro Mateo, genial escultor del Pórtico de la Gloria compostelano. También acude al museo, a empaparse de las viejas formas de la piedra, desde las muestras ibéricas hasta la imaginería religiosa del Barroco. Traba amistad con los intelectuales de la generación «Nós» : Risco, Cuevillas, Otero Pedrayo. Failde comienza a expresarse en la talla directa del granito del país, a partir de la lección del románico y del gótico. Se cultiva en constantes lecturas. Poco antes de la guerra civil es becado por la Diputación orensana para seguir estudios en la Escuela de San Fernando de Madrid. El avatar bélico trunca su carrera. Concluida la contienda, regresa a Ourense y gana una plaza de profesor en la Escuela de Artes y Oficios, puesto que desempeñó, hasta su cese voluntario, en 1956. Entre sus alumnos destaca un escultor en cierto modo identificado con él, Arturo Baltar. Failde tardó mucho tiempo en exponer su obra personal. Las primeras muestras datan de 1949, en Ourense, 1950 en Vigo y en 1951 en Buenos Aires. En la ciudad viguesa alcanza considerable eco, dentro del escaso ambiente artístico que por entonces se vivía en un medio eminentemente industrial. Al fin aparece en Madrid, en 1953. La crítica más exigente elogia a este escultor diferente, tradicional, modernísimo a un tiempo. Envía obra a la II Bienal Hispanoamericana en La Habana, y a la tercera edición, de 1956, en Barcelona. La resonancia de sus aportaciones le llevan a ser elegido miembro correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en 1957. Su gran muestra madrileña la efectúa en la sala de la Dirección general de Bellas Artes, en 1960. Realiza algunos monumentos públicos, como el de Alfonso X el Sabio, de gran tamaño, en la villa de Puentedeume, en 1970, y el busto de Bolívar, en Vigo, algo anterior. Vuelve a exponer en Madrid en 1968, dos veces más en Vigo, en las salas de Caixavigo, cuyo Centro Cultural le dedicará una antológica póstuma en 1986. También lleva su obra a Caracas, en 1979, año en el que fallece el escultor, en su ciudad natal, a primeros de junio. La obra de Failde Gago figura en el Museo de Arte contemporáneo de Madrid y en todos los de Galicia. Instituciones de enseñaza como los Hermanos Maristas, solicitan su obra para el colegio de Ourense, donde tiene relieves de considerable entidad. La obra de Failde está presidida por la ternura, la sencillez y una sabia y exquisita simplificación, de una sensibilidad intimista que responde muy bien a su carácter. Era un hombre menudo, recio, algo tímido, aunque con voluntad indomeñable. Emparentado directamente con el románico, parece que retomó los cinceles que abandonaron los maestros del siglo XII para hacer suyo un espíritu religioso absolutamente encantador, sonriente, sin drama. A veces se remontaba mucho más atrás, y algunos de sus torsos, tallados como gran parte de su obra directamente en el duro granito gallego, parecen piezas del período ibérico anterior a la era cristiana. El mundo infantil está muy presente en su obra, con ejemplos absolutamente inefables de dulzura y encanto. También la maternidad es tema reiterado, así como los grupos músicos o lúdicos. No solía trabajar en grandes dimensiones, pero sus pequeñas piezas poseen la grandiosidad de concepto que está reservada a muy pocos creadores de las formas corpóreas.
-Trabazo, Luis: A. Failde. Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1970. -Carballo-Calero Ramos, Mª Victoria: Antonio Failde. Ourense, Diputación Provincial, 1986. -Trabazo, Luis: Piedra, barro, bronce en tres escultores gallegos. Ourense, Diputación Provincial 1978. -Pablos, Francisco: Failde. Vigo, Caixavigo, 1986. -Pablos, Francisco: Plástica gallega. Vigo, Caixavigo, 1981. -Suevos, Jesús: Antonio Failde. Madrid, Dirección General de Bellas Artes, 1960. -Aguilera Cerni, Vicente: Panorama del nuevo arte español. Madrid, Edic. Guadarrama, 1966. -Pablos, Francisco: Itinerario Plástico de la provincia marista de León. Zaragoza, Edelvives, 1989.
De orixe humilde, a súa nai emigra a América cando o pequeno Antón ten pouco máis dun ano. Vive en ámbitos aldeáns cos seus avós, dedicado ó coidado do gando. A aprendizaxe como escultor iníciaa en Piñor, seguindo os pasos do seu tataravó, «santeiro» que traballou mesmo ó tacto cando, xa ancián, quedou cego. Ós doce anos, Antón traballa como canteiro en Ourense, en tarefas industriais que lle dan un grande dominio do oficio. Matricúlase na Escola de Artes e Oficios, onde é alumno dun magnífico didacta, Luis Fernández Xesta, que tanto influíu na formación de artistas ourensáns. Co mestre Nuñéz aprende a talla-la madeira e con Daniel Piñeiro continúa o seu contián labor. Ó concluí-lo primeiro cuarto do século XX, Failde ten xa o seu propio taller e nel iníciase na verdadeira creación artística, convencido de poder ser un escultor persoal a partir do seu oficio de canteiro e tallista. En Ourense convive con outros artistas e estudia apaixonadamente catedral, con pórtico da escola do Mestre Mateo, xenial escultor do Pórtico da Gloria compostelán. Acode tamén ó museo, para se empapar das vellas formas da pedra, desde as mostras ibéricas ata a imaxinería relixiosa do barroco. Traba amizade cos intelectuais da xeración «Nós»: Risco, Cuevillas, Otero Pedrayo. Failde comeza a expresarse na talla directa do granito do país, a partir da lección do románico e do gótico. Cultívase en constantes lecturas. Pouco antes da Guerra Civil é bolseiro da Deputación ourensá para seguir estudios na Escola de San Fernando de Madrid. O avatar bélico trunca a súa carreira. Concluída a contenda, regresa a Ourense e gaña unha praza de profesor na Escola de Artes e Oficios, un posto que desempeñou ata o seu cese voluntario en 1956. Entre os seus alumnos destaca un escultor en certa maneira identificado con el, Arturo Baltar. Failde tardou moito tempo en expoñe-la súa obra persoal. As primeiras mostras datan de 1949, en Ourense, 1950, en Vigo, e en 1951, en Bos Aires. Na cidade viguesa acada considerable eco, dentro do escaso ambiente artístico que daquela se vivía nun medio eminentemente industrial. Ó fin aparece en Madrid, en 1953. A crítica máis esixente eloxia a este escultor diferente, tradicional e modernísimo a un tempo. Envía obra á II Bienal Hispanoamericana na Habana, e á terceira edición, de 1956, en Barcelona. A resonancia das súas aportacións lévano a ser elixido membro correspondente da Real Academia de Belas Artes de San Fernando en 1957. A súa grande mostra madrileña efectúaa na sala da Dirección Xeral de Belas Artes, en 1960. Realiza algúns monumentos públicos, coma o de Alfonso X o Sabio, de gran tamaño, na vila de Pontedeume, en 1970, e o busto de Bolívar, en Vigo, algo anterior. Volve a expoñer en Madrid en 1968, dúas veces máis en Vigo, nas salas de Caixavigo, da cal o Centro Cultural lle dedicará unha antoloxía póstuma en 1986. Tamén leva a súa obra a Caracas, en 1979, ano no que falece o escultor, na súa cidade natal, a primeiros de xuño. A obra de Failde Gago figura no Museo da Arte Contemporánea de Madrid e en tódolos de Galicia. Institucións de ensinanza, coma os Hirmáns Maristas, solicitan a súa obra para o colexio de Ourense, onde ten relevos de considerable entidade. A obra de Failde está presidida pola tersura, a sinxeleza e unha sabia e exquisita simplificación, dunha sensibilidade intimista que responde moi ben ó seu carácter. Era un home miúdo, rexo, algo tímido, aínda que con vontade indomeñable. Emparentado directamente co románico, parece que retomou os cinceis que abandonaron os mestres do século XII para facer seu un espírito relixioso absolutamente encantador, sorinte, sen drama. Ás veces remontaba moito atrás; algúns dos seus torsos, tallados coma gran parte da súa obra directamente no duro granito galego, semellan pezas do período ibérico anterior á era cristiana. O mundo infantil está moi presente na súa obra, con exemplos absolutamente inefables de dozura e encanto. Tamén a maternidade é tema reiterado, así como os grupos músicos ou lúdicos. Non adoitaba traballar en grandes dimensións, pero as súas pequenas pezas posúen a grandiosidade de concepto que está reservada a moi poucos creadores das formas corpóreas.
-Trabazo, Luis: A. Failde. Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1970. -Carballo-Calero Ramos, Mª Victoria: Antonio Failde. Ourense, Diputación Provincial, 1986. -Trabazo, Luis: Piedra, barro, bronce en tres escultores gallegos. Ourense, Diputación Provincial 1978. -Pablos, Francisco: Failde. Vigo, Caixavigo, 1986. -Pablos, Francisco: Plástica gallega. Vigo, Caixavigo, 1981. -Suevos, Jesús: Antonio Failde. Madrid, Dirección General de Bellas Artes, 1960. -Aguilera Cerni, Vicente: Panorama del nuevo arte español. Madrid, Edic. Guadarrama, 1966. -Pablos, Francisco: Itinerario Plástico de la provincia marista de León. Zaragoza, Edelvives, 1989.
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La obra, fundida en bronce en el año 1986, conserva la calidez de la pieza de barro, de la que nace, siendo visibles las huellas de su autor, la ternura que les confería a todas sus criaturas. El gesto de la niña sentada, dirigiendo su mirada al aire, es soñador y ausente. Los sentimientos de inocencia y humanidad se hacen evidentes en una pieza que inspira deseos de abrazar a la figura, que busca la implicación afectiva entre obra y espectador.
La sencillez es el rasgo mas destacado de la pieza que, a pesar de su pequeño tamaño, sorprende por su monumentalidad y por la rotundidad de las formas. Su volumen compacto evidencia una obra bien construída, con dominio del oficio, que se apoya en sus conocimientos del Románico y del arte popular.
La presencia de la linea curva, de la forma cerrada y concreta de la figura, es un ejemplo de la clara evolución del artista en sus años finales, en los que logra mantener el difícil equilibrio que supone asimilar lo mas tradicional de la plástica gallega, de los canteros, para ganar con esto en modernidad e innovación.
A obra, fundida en bronce no ano 1986, conserva a calidez da peza de barro, da que nace, sendo visibles as pegadas do seu autor, a tenrura que lles confería a tódalas súas criaturas. O xesto da rapaza sentada, dirixindo a súa mirada ó aire, é soñador e ausente. Os sentimentos de inocencia e humanidade fanse evidentes nunha peza que inspira desexos de abrazar á figura, que busca a implicación afectiva entre obra e espectador.
A sinxeleza é o rasgo máis destacado da peza que, a pesar do seu pequeño tamaño, sorprende pola súa monumentalidade e pola rotundidade das formas. O seu volume compacto evidencia unha obra ben construída, con dominio do oficio, que se apoia nos seus coñecementos do Románico e da arte popular.
A presencia da liña curva, da forma pechada e concreta da figura, é un exemplo da clara evolución do artista nos seus anos finais, nos que logra mante-lo difícil equilibrio que supón asimila-lo máis tradicional da plástica galega, dos canteiros, para gañar con esto en modernidade e innovación.
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