| Inicio |
Información de AutorInformación do Autor ![]() |
Obra en Detalle ![]() |
Resultados Búsqueda ![]() |
Busq. Avanzada ![]() |
Busq. Específica ![]() |
Es una obra particularmente luminosa que muestra la predilección del artista por motivos amables, tomados de la vida cotidiana en la aldea. Este tipo de obras son testimonios pictóricos de la vida en la sociedad rural, desprovistos de cualquier carga de dramatismo. La sensibilidad de Antonio Fernández para poetizar las cosas sencillas le lleva a fijar sobre la tela escenas como esta de la mujer que acaba de sacar agua del pozo y la vierte en un recipiente, delante de la casa por donde picotean las gallinas, con la huerta al fondo. Es una composición armoniosa estructurada con el dibujo, que refleja no la realidad que entra por los ojos sino la realidad íntima que sale del alma.
Exposición "Antonio Fernandez", en el Centro Cultural da Guarda, del 1 al 22 de agosto de 2009.
É unha obra particularmente luminosa que mostra a predilección do artista por motivos amables, tomados da vida cotiá na aldea. Este tipo de obras son testemuños pictóricos da vida na sociedade rural, desprovistos de calquera carga de dramatismo. A sensibilidade de Antonio Fernández para poetizar as cousas sinxelas lévao a fixar sobre a tea escenas como esta da muller que acaba de sacar auga do pozo e a verte nun recipiente, diante da casa por onde peteiran as galiñas, coa horta ó fondo. É unha composición harmoniosa, estructurada co debuxo, que reflicte non a realidade que entra polos ollos senón a realidade íntima que sae da alma.
Exposición "Antonio Fernandez", no Centro Cultural da Guarda, do 1 ao 22 de agosto de 2009.
Como un gallego más, emigra a América en su adolescencia. Concretamente, a los doce años está en Brasil. En Sao Paulo recibe lecciones de dibujo y pintura del artista alemán Ernesto Papf. Las primeras exposiciones del joven pintor son un fracaso. Pero no se amilana y sigue recorriendo el gran país, y en las ciudades de Pará Y Manaos es mucho mejor la acogida que obtiene. El buen signo que había comenzado se confirma en Río de Janeiro, donde obtiene un galardón y vende cuanto muestra. De ahí que una buena parte de su obra inicial, donde están ya casi todas las características de su realismo magistral, se encuentre en este país y está siendo ahora rescatada, a altos precios, por coleccionistas e interesados en la pintura del maestro de tantos pintores. Fernández regresa definitivamente a Europa, pero su inquietud por conocer mundo persiste. Viaja a Italia y descubre un puebluco pintoresco perdido entre montañas, Antícoli Corrado, con casas adheridas a las estribaciones del accidentado terreno y calles tortuosas por las que circulan ovejas y cabras. El artista trabaja allí incansablemente, en una paz absoluta, por amarrar de tal manera la realidad, que a las paredes de las casas de sus cuadros se les desconcha el repellado, y a sus ovejas hay que esquilarlas al cabo de un tiempo, porque el vellón prospera en su condición de aceite y pigmentos. En esos mundos italianos, el goianés conoce a artistas españoles de nombradía, como Sotomayor, Benlliure y Barbasán. De vuelta en España concurre a las exposiciones nacionales, aunque se muestra inasequible a la costumbre de obsequiar a determinados personajes oficiales para escalar puestos en un imaginario escalafón aque muchas veces tiene muy poco que ver con la pintura. Sin embargo, su obra impresiona nada menos que a Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina, que la glosa en una de sus libros, en el que reflexiona sobre la vejez. Participa en los Salones de Otoño, en cuya séptima edición es nombrado socio de mérito. Su obra cruzará de nuevo el Atlántico para mantener los contactos y el prestigio que había logrado en Brasil. Expone en ciudades de Galicia, y el éxito le acompaña siempre, aunque Antonio Fernández jamás se envanece. Por el contrario, persiste en su actitud discreta, interesado únicamente por extremar la calidad de su obra, realmente excepcional. Acomete obras de gran empeño, como «As Fiandeiras», en cierto modo un homenaje implícito a Velázquez en el juego del claroscuro, y al Greco, puesto que la escena tiene alguna relación ambiental con la supuesta obra del afincado en Toledo y que constituye el retrato de su familia. Nuestro artista, en su casa rural del pueblo próximo a la desembocadura del Miño, trabaja incansablemente. Alrededor de él se forman pintores como Xavier Pousa, e influye en otros artistas, los escultores Xoan Piñeiro y Magín Picallo, así como en el escritor Eliseo Alonso, que será su primer y, hasta ahora, definitivo biógrafo. Muy poco antes de su muerte, el Círculo Mercantil de Vigo organiza una exposición antológica del goianés, que fue la última aparición en público del artista, ya consumido por el trabajo y los años. Fernández falleció ese mismo año, 1970, el 20 de noviembre, cuando contaba 82 años, prácticamente con los pinceles en la mano, dispuesto a proseguir sus paisajes del Miño, sus mundos rurales. La obra de Antonio Fernández se encuentra en todos los museos de Galicia. El de Lugo conserva uno de los pocos desnudos que pintó en su vida, con juegos de espejo muy velazqueños. El de Vigo, un autorretrato de su juventud, verdadero análisis psicológico de un caráter firme, discreto, introvertido. Fernández se preocupó porque la pintura fuera reflejo total, absoluto, de la realidad observada. Se trata de captar con fidelidad suprema la apariencia de las cosas, de la naturaleza, en su ambiente más preciso. Hay siempre un toque de melancolía, propio del talante del pintor, en cada uno de sus cuadros, en los que la anécdota, como deseaba el maestro Eugenio d'Ors, se eleva a categoría. Una oveja paciendo en el campo es tema bastante para un óleo de calidad irreprochable. Los troncos retorcidos, medio secos, de cuatro olivos, también. Como dos casucas aldeanas adheridas al declive de una montaña. O como las flores más humildes, en un búcaro de cerámica popular. Sus crisantemos parece que van a perder los pétalos, porque están pintados en su absoluta madurez. Pocas veces, como en esta pintura, se ha ganado la emoción desde el equilibrio total, basado en un dibujo firme, seguro, y en una técnica irreprochable que va desde la preparación del lienzo de soporte a la utilización de los pigmentos, invariables en su intensidad.
-Alonso, Eliseo: La pintura de Antonio Fernández. Tuy, 1959. -Alonso, Eliseo: Antonio Fernández. A Guarda, 1984. -Ramón y Cajal, Santiago: El mundo visto a los ochenta años. Buenos Aires, Espasa Calpe, 1959. -Chamoso Lamas, Manuel: «Arte», en Galicia. Barcelona, Edit. Noguer. 1976. -Pablos, Francisco: Pintores gallegos del Novecientos. A Coruña, Fundación Barrié de la Maza, 1981. -Pablos, Francisco: Plástica gallega. Vigo, Caixavigo, 1981. -Pablos, Francisco: Colección Adriano Marques de Magallanes. Vigo, Excmo. Ayuntamiento, 1992. -VV. AA.: Un siglo de pintura gallega 1880/1980. Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes, 1984. -VV. AA.: Antonio Fernández. Exposición antológica. Vigo, Caixavigo,1986. -Sobrino Manzanares, Mª Luisa: Historia del arte gallego. Los contemporáneos. Madrid, Edit. Alhambra, 1982. -Ilarri Gimeno, Angel: Catálogo del Pazo Museo «Quiñones de León». Vigo, Ayuntamiento, 1978. -Carballo Calero, Mª Victoria: Catálogo de pintura del Museo Provincial de Lugo. Lugo, 1969. Gran Enciclopedia Gallega, Vol.12. Gijón, S. Cañada, edit, 1974.
Coma un galego máis, emigra a América na súa mocidade. Concretamente, ós doce anos está no Brasil. En Sao Paulo recibe leccións de debuxo e pintura do artista alemán Ernesto Papf. As primeiras exposicións do xove pintor son un fracaso. Pero non se apouca e segue percorrendo o gran país e nas cidades de Pará e Manaos é moito mellor a acollida que obtén. O bo signo que comezara confírmase en Río de Janeiro, onde obtén un galardón e vende canto expón. De ahí que unha boa parte da súa obra inicial, onde xa están case tódalas características do seu realismo maxistral, se atope neste país e sexa agora rescatada, a altos prezos, por coleccionistas e interesados na pintura do mestre de tantos pintores. Fernández regresa definitivamente a Europa, pero a súa inquedanza por coñecer mundo persiste. Viaxa a Italia e descubre unha viliña pintoresca perdida entre montañas, Antícoli Corrado, con casas adheridas ós somontes do accidentado terreo e rúas tortuosas polas que circulan ovellas e cabras. O artista traballa alí incansablemente, nunha paz absoluta, para amarra-la realidade de tal xeito que ás paredes das casas dos seus cadros se lles salta o repellado e ás súas ovellas as hai que tosquiar ó cabo dun tempo porque o vélaro prospera na súa condición de aceite e pigmentos. Neses mundos italianos, o goianés coñece a artistas españois de renome coma Sotomayor, Benlliure e Barbasán. De volta en España concorre ás exposicións nacionais, aínda que se amosa inasequible ó costume de obsequiar a determinados personaxes oficiais para subir postos nunha imaxinaria escala que moitas veces ten moi pouco que ver coa pintura. Sen embargo, a súa obra impresiona nada menos que a Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina, que a glosa nun dos seus libros, no que reflexiona sobre a vellez. Participa nos Salóns de Outono, na sétima edición do cal é nomeado socio de mérito. A súa obra cruzará de novo o Atlántico para mante-los contactos e mailo prestixio que acadara en Brasil. Expón en cidades de Galicia e o éxito acompáñao sempre, aínda que Antonio Fernández nunca envaidece. Polo contrario, persiste na súa actitude discreta, interesado unicamente por extrema-la calidade da súa obra, realmente excepcional. Acomete obras de grande empeño, coma "As fiandeiras", en certa maneira unha homenaxe implícita a Velázquez no xogo do claroscuro e ó Greco, xa que a escena ten algunha relación ambiental coa suposta obra do establecido en Toledo e que constitúe o retrato da súa familia. O noso artista, na súa casa rural da vila próxima á desembocadura do Miño, traballa incansablemente. Ó seu arredor fórmanse pintores coma Xavier Pousa e inflúe noutros artistas, os escultores Xoán Piñeiro e Magín Picallo, así coma no escritor Eliseo Alonso, que será o seu primeiro e, ata agora, definitivo biógrafo. Moi pouco antes da súa morte, o Círculo Mercantil de Vigo organiza unha exposición antolóxica do goianés, que foi a última aparición en público do artista, xa consumido polo traballo e os anos. Fernández faleceu ese mesmo ano, 1970, o 20 de novembro, cando tiña 82 anos, practicamente cos pinceis na man, disposto a prosegui-las súas paisaxes do Miño, os seus mundos rurais. A obra de Antonio Fernández atópase en tódolos museos de Galicia. O de Lugo conserva un dos poucos nus que pintou na súa vida, con xogos de espello moi velazqueños. O de Vigo, un autorretrato da súa xuventude, verdadeira análise psicolóxica dun carácter firme, discreto, introvertido. Fernández preocupouse por que a pintura fose un reflexo total, absoluto, da realidade observada. Trátase de captar con fidelidade suprema a apariencia das cousas, da natureza, no seu ambiente máis preciso. Hai sempre un toque de melancolía, propio do talante do pintor, en cada un dos seus cadros, nos que a anécdota, como desexaba o mestre Eugenio d´Ors, se eleva a categoría. Unha ovella pacendo no campo é tema suficiente para un óleo de calidade irreprochable. Os troncos retorcidos, medio secos, de catro oliveiras tamén. Coma dúas casuchas de aldea pegadas ó declive dunha montaña. Ou coma as flores máis humildes, nun xerro de cerámica popular. Os seus crisantemos parece que van perde-los pétalos, porque están pintados na súa absoluta madureza. Poucas veces coma nesta pintura gañouse a emoción desde o equilibrio total, baseado nun debuxo firme, seguro e nunha técnica irreprochable que vai desde a preparación do lenzo de soporte á utilización dos pigmentos, invariables na súa intensidade.
-Alonso, Eliseo: La pintura de Antonio Fernández. Tuy, 1959. -Alonso, Eliseo: Antonio Fernández. A Guarda, 1984. -Ramón y Cajal, Santiago: El mundo visto a los ochenta años. Buenos Aires, Espasa Calpe, 1959. -Chamoso Lamas, Manuel: «Arte», en Galicia. Barcelona, Edit. Noguer. 1976. -Pablos, Francisco: Pintores gallegos del Novecientos. A Coruña, Fundación Barrié de la Maza, 1981. -Pablos, Francisco: Plástica gallega. Vigo, Caixavigo, 1981. -Pablos, Francisco: Colección Adriano Marques de Magallanes. Vigo, Concello, 1992. -VV. AA.: Un siglo de pintura gallega 1880/1980. Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes, 1984. -VV. AA.: Antonio Fernández. Exposición antológica. Vigo, Caixavigo,1986. -Sobrino Manzanares, Mª Luisa: Historia del arte gallego. Los contemporáneos. Madrid, Edit. Alhambra, 1982. -Ilarri Gimeno, Angel: Catálogo do Pazo Museo «Quiñones de León». Vigo, Concello, 1978. -Carballo Calero, Mª Victoria: Catálogo de pintura do Museo Provincial de Lugo. Lugo, 1969. Gran Enciclopedia Gallega, Vol.12. Gijón, S. Cañada, edit, 1974.
|
|
|
| ||||||||||||
|
Es una obra particularmente luminosa que muestra la predilección del artista por motivos amables, tomados de la vida cotidiana en la aldea. Este tipo de obras son testimonios pictóricos de la vida en la sociedad rural, desprovistos de cualquier carga de dramatismo. La sensibilidad de Antonio Fernández para poetizar las cosas sencillas le lleva a fijar sobre la tela escenas como esta de la mujer que acaba de sacar agua del pozo y la vierte en un recipiente, delante de la casa por donde picotean las gallinas, con la huerta al fondo. Es una composición armoniosa estructurada con el dibujo, que refleja no la realidad que entra por los ojos sino la realidad íntima que sale del alma.
Exposición "Antonio Fernandez", en el Centro Cultural da Guarda, del 1 al 22 de agosto de 2009.
É unha obra particularmente luminosa que mostra a predilección do artista por motivos amables, tomados da vida cotiá na aldea. Este tipo de obras son testemuños pictóricos da vida na sociedade rural, desprovistos de calquera carga de dramatismo. A sensibilidade de Antonio Fernández para poetizar as cousas sinxelas lévao a fixar sobre a tea escenas como esta da muller que acaba de sacar auga do pozo e a verte nun recipiente, diante da casa por onde peteiran as galiñas, coa horta ó fondo. É unha composición harmoniosa, estructurada co debuxo, que reflicte non a realidade que entra polos ollos senón a realidade íntima que sae da alma.
Exposición "Antonio Fernandez", no Centro Cultural da Guarda, do 1 ao 22 de agosto de 2009.
Visor de Eventos |
|
|
| Título | Inv. | Tipo | Técnica | TipologíaTipoloxía | Autor | FechaData | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Filtrar: | |||||||
| PáginaPáxina 1 de 3 | |||||||
| Consultando de registrosrexistros | |||||||
Buscar en la colección:
Buscar na colección:
| Nombre ArtísticoNome Artístico | NombreNome | ApellidosApelidos | NacimientoNacemento | |
|---|---|---|---|---|
| Filtrar: | ||||
| PáginaPáxina 1 de 3 | ||||
| Consultando de registrosrexistros | ||||
| Título | Inv. | Tipo | Técnica | TipologíaTipoloxía | Autor | FechaData | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Filtrar: | |||||||
| PáginaPáxina 1 de 3 | |||||||
| Consultando de registrosrexistros | |||||||
Cargando Datos... |

Cargando Datos...