Autorretrato de su última etapa pictórica, a diferencia de otros retratos familiares, aquí se refleja una imagen desgarradora y provocadora del artista.
Recurre una vez más a influencias clásicas con una temática de clara inspiración goyesca, con el capirote inquisitorial de la figura y la turbada expresión del rostro. Una mirada que expresa la desesperanza, mostrando su rebeldía ante la intolerancia humana. Estamos pues ante una especie de esperpento o tragicomedia, donde se evidencia el ideario del artista.
Desde el punto de vista técnico se muestra el inconfundible estilo del autor con claros contrastes de luz y sombra. Crea una luz purificadora que envuelve a la figura frente al cielo negro y que somete y aprisiona el cuerpo como una especie de opresión física y psicológica. En palabras del propio autor “…tiene que haber oscuridad para que brille la luz”.
Una imagen muy realista, con una pincelada más suelta y de gran precisión en el dibujo, casi fotográfica, con clara inspiración en autores como Cristóbal Toral.
"JANO MUÑOZ" en la sala I del Centro Social Caixanova en Vigo, 10 de octubre al 17 de noviembre del 2007.
Catálogo exposición "Jano Muñoz", pág. 69.
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