| Inicio |
Información de AutorInformación do Autor ![]() |
Obra en Detalle ![]() |
Resultados Búsqueda ![]() |
Busq. Avanzada ![]() |
Busq. Específica ![]() |
Líneas agitadas cruzan el papel con un entramado fantasmal de ramas, que encierran entre ellas espacios blancos que sugieren el estremecimiento provocado por el viento sobre un paisaje imaginario. Utiliza dos tintas con gran habilidad.
«Antológica de Castro Gil», del 19 de octubre al 12 de noviembre de 1985, en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Caixavigo.
«Castro Gil», nº 28 de la serie «Grandes Artistas Gallegos», Catálogo de la Exposición.
Liñas axitadas cruzan o papel cun entramado fantasmal de pólas, que encerran entre elas espacios brancos que suxiren o estremecemento provocado polo vento sobre unha paisaxe imaxinaria. Emprega dúas tintas con grande habilidade.:
"Antológica de Castro Gil", do 19 de outubro ó 12 de novembro de 1985, na Sala de Exposicións do Centro Cultural Caixavigo
"Castro Gil", nº 28 da serie "Grandes Artistas Gallegos", Catálogo da Exposición.
En la tradición de excelentes grabadores con que cuenta Galicia, Castro Gil es, técnicamente, la más alta cota. Aunque también cultivó la pintura, es el grabador por excelencia, con fama y magisterio considerables. Enraizado en la ciudad natal, de la que su padre era archivero, es el mayor de una familia numerosa de ocho hermanos, y desde muy niño manifiesta una característica que va a ser conductora de su vida y en definitiva de su éxito: voluntad de gran trabajador. Inicia sus estudios de dibujo como alumno de Manuel Fole, que deja clara huella en él, y cursa bachillerato y magisterio con aprovechamiento, puesto que alcanza ambos títulos antes de cumplir los 16 años. Con una beca que le concede la Diputación de Lugo, Manuel se traslada a Madrid en 1917 para realizar los estudios superiores en la escuela de San Fernando, en la que es discípulo de Ferrant, Vera, Muñoz Degrain y Moreno Carbonero. Las iniciales lecciones de grabado las recibe de Verger y Esteve Botey. La característica personal del gallego se manifiesta en Madrid, ya que administra su tiempo de tal manera que es estudiante aprovechado, dibuja para publicaciones periódicas de la época y asiste a tertulias literarias en las que deja huella, como la de su paisano Valle Inclán, en la Granja del Henar, y la de Ramón Gómez de la Serna, en Pombo. Su sentido práctico le lleva a buscar un modo seguro de subsistencia, basado en su arte, e ingresa en la plantilla de la Fabrica de Moneda, de manera que efectos del Banco de España y billetes de uso común manifestarán, durante muchos años, la exquisitez de su buril. Su nombre se extiende pronto, dado que es firma habitual en «Blanco y Negro» y en «La Esfera», principales publicaciones ilustradas de los años posteriores a la gran guerra europea. Busca las recompensas oficiales, que reafirman el prestigio, y en 1920 obtiene el segundo premio en el concurso de grabado del Círculo de Bellas Artes. En 1922, la segunda medalla de grabado en la Exposición Nacional de Bellas Artes, por una temática que definirá su quehacer durante mucho tiempo: monasterios, viejos rincones olvidados, ruinas y, en fin, paisajes de corte intensamente romantico. Repite en 1924 la segunda medalla en la Nacional de Bellas Artes por una pieza magistral, «Ciudad castellana» y, por fin el primer premio en concurso nacional de grabado, en 1925, por «Tierras de Santa Teresa». El estilo, la personalidad, el magisterio técnico absoluto del gallego están consolidados. La Junta para Ampliación de Estudios, antecedente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, le beca para viajar a París, donde realiza una exposición que alcanza gran éxito hasta el punto de dedicarle una crónica Enrique Gómez Carrillo, el comentarista más exquisito y admirado de estos años. Desde Francia, Castro Gil se traslada a Bélgica, país con ciudades cuyo ambiente y clima le recuerdan a su Galicia natal. Un grabado que representa a la Catedral de Malinas forma parte del tríptico que, con el del puente Ondárroa y monumento parisino, completan el tríptico que le da el galardón al que había estado aspirando mucho tiempo, la primera medalla en la Nacional de Bellas Artes, en 1930. Regresa a España y sigue su intenso trabajo. Ilustra con una serie de aguafuertes, «Las hogueras de España», de Antonio de Hoyos y Vinent. Viaja a Londres donde expone en 1928 con éxito total, ya que los coleccionistas británicos se apasionan por la calidad técnica y el perfecto dibujo de Castro Gil. La obra del gallego continúa su andadura y la expone en Nueva York, México, La Habana, Buenos Aires. Desde 1934 es profesor de la Escuela Nacional de Artes Gráficas, en la que, entre otros discípulos, cuenta nada menos que con José Gutiérrez Solana, para quien el gallego auspicia un homenaje desde la agrupación que lleva su nombre, creada entre sus discípulos y admiradores, y de la que es principal animador. Galicia también le agasaja. Es nombrado miembro correspondiente de las Reales Academias de Bellas Artes del Rosario y de la Gallega. A su tierra natal a acudido frecuentemente en su obra, como acontece con la exposición regional de 1917, donde en la sala de honor se exhiben varios paisajes suyos al óleo, modalidad que cultiva ocasionalmente. Castro Gil toma apuntes en las ciudades de Galicia, y fruto de ello es un gran repertorio temático en el que destaca su pieza de aguafuerte sobre el Pórtico de la Gloria compostelano. Concluida la contienda civil, Castro Gil, siguiendo a Goya que con Rebrandt y Durero es el artista que más admira, realiza una serie de grabados titulada «Desastres de la guerra», donde consuma la expresión de su excepcional técnica. Recibe encargos, que realiza sin ninguna concesión al tópico, como la serie sobre altos hornos y fundición de grandes piezas, para una industria del País Vasco, ejemplo de la calidad de su dibujo. Ama a su ciudad natal a la que donará todas sus herramientas de su taller privado y numerosas planchas expuestas hoy en el Museo local, de visita imprescindible para conocer, de veras el mundo personal de este artista. Sin un descanso, en plena gloria, fallece en Madrid en 1961, cuando cuenta 70 años, y le sucede el magisterio extendido y el prestigio inmarchitable. Castro Gil es fundamentalmente un grabador aguafortista, aunque también domine, por su condición de dibujante segurísimo, la punta seca. El claroscuro, la reciedumbre expresiva en las arquitecturas, la textura de sus impresiones, la utilización de tintas inusitadas, como las verdes, hacen inconfundible su trabajo. Todo en él es poderoso, seguro, impresionante. El escritor Wenceslao Fernandez Flórez, que utilizó un dibujo de Castro Gil para su mejor obra, «El bosque animado», dice el grabador: «Tiene bien probada una particularidad que, sin duda, habría que explicar por una razón racial: por innatas inclinaciones de su naturaleza céltica. Siente las piedras y los árboles. Ama a ese ser maravilloso que por estar sujeto a la tierra y vivir de ella por sus raíces, y elevar la cima a lo alto en aspiraciones celestes es el mejor símbolo del hombre y casi más hombre que un hombre, por su esquematismo cabal. Ama también las viejas ruinas cosidas con hiedra, la hermosura que duerme en el rincón de una callejuela, la que brota de un feliz hacinamiento de casitas, la de un simple muro en pie que aún conserva un rosetón sin vidrios. Y nadie sabe extraer tanta emoción como él de sus frecuentes veneros».
-Chamoso Lamas, Manuel: «Arte», en Galicia. Barcelona, Edit. Noguer. 1976. -VV. AA.: Un siglo de pintura gallega, 1880/1980. Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes, 1984. -Aguilera, Emiliano M.: Castro Gil. Su vida, su obra, su arte. Madrid, Edit. Aguilar, 1948. -Pablos, Francisco: Pintores gallegos del Novecientos. A Coruña, Fundación Barrié de la Maza, 1981. -Pablos, Francisco: Plástica gallega. Vigo, Caixavigo,1981. -Barreiro, Alejandro: Del arte gallego. Exposición regional. A Coruña, 1917. -Carrete Parrondo, Juan y otros: El grabado en España (siglo XIX y XX). Vol. XXXII de Summa Artis. Madrid, Espasa Calpe, 1988. -Rubio Martínez, M.: Ayer y hoy del grabado y sistemas de estampación. Tarragona, Edit. Tarraco, 1979. -Carballo Calero, Mª Victoria: Catálogo del Museo Provincial de Lugo. Lugo, 1960. -Ilarri Gimeno, Angel: Catálogo del Pazo Museo «Quiñones de León» Vigo, Excmo. Ayuntamiento, 1978. -Pantorba, Bernardino de: Historia y crítica de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Madrid, 1980.
Na tradición de excelentes gravadores con que conta Galicia, Castro Gil é, tecnicamente, a máis alta cota. Aínda que tamén cultivou a pintura, é o gravador por excelencia, con fama e maxisterio considerables. Enraizado na cidade natal, da que seu pai era arquiveiro, é o maior dunha familia numerosa de oito irmáns, e dende moi neno manifesta unha característica que vai se-la conductora da súa vida e, en definitiva, do seu éxito: vontade de gran traballador. Inicia os seus estudios de debuxo como alumno de Manuel Fole, que deixa unha clara pegada nel, e cursa bacharelato e maxisterio con aproveitamento, posto que acada ambos títulos antes de cumpri-los 16 anos. Cunha bolsa de estudios que lle concede a Deputación de Lugo, Manuel trasládase a Madrid en 1917 para realizar estudios superiores na Escola de San Fernando, na que é discípulo de Ferrant, Vera, Muñoz Degrain e Moreno Carbonero. As leccións iniciais de gravado recíbeas de Verger e mais Esteve Botey. A característica persoal do galego maniféstase en Madrid, xa que reparte o seu tempo de tal xeito que é estudiante aproveitado, debuxa para publicacións periódicas da época e asiste a tertulias literarias nas que deixa a súa pegada, coma a do seu paisano Valle-Inclán, na Granja del Henar, e a de Ramón Gómez de la Serna, en Pombo. O seu sentido práctico lévao a buscar un xeito seguro de subsistencia, baseado na súa arte, e ingresa no cadro de persoal da Fábrica de Moeda, de maneira que efectos do Banco de España e billetes de uso común manifestarán, durante moitos anos, a exquisitez do seu buril. O seu nome esténdese axiña, dado que é firma habitual en "Blanco y Negro" e mais en "La Esfera", principais publicacións ilustradas dos anos posteriores á grande guerra europea. Busca as recompensas oficiais que reafirmen o seu prestixio e en 1920 obtén o segundo premio no concurso de gravado do Círculo de Belas Artes, en 1922, a segunda medalla de gravado na Exposición Nacional de Belas Artes, por unha temática que definirá a súa angueira durante moito tempo: mosteiros, vellos recunchos esquecidos, ruínas e, en fin, paisaxes de corte intensamente romántico. Repite en 1924 a segunda medalla na Nacional de Belas Artes por unha peza maxistral, "Cidade castelá" e, ó cabo, o primeiro premio no concurso nacional de gravado, en 1925, por "Tierras de Santa Teresa". O estilo, a personalidade, o maxisterio técnico absoluto do galego están consolidados. A Xunta para Ampliación de Estudios, antecedente do Consello Superior de Investigacións Científicas, concédelle unha bolsa de estudios para viaxar a París, onde realiza unha exposición que acada un gran éxito, ata o punto de dedicarlle unha crónica Enrique Gómez Carrillo, o comentarista máis exquisito e admirado destes anos. Desde Francia, Castro Gil trasládase a Bélxica, país con cidades cun ambiente e clima que lle lembran a súa Galicia natal. Un gravado que representa a Catedral de Malinas forma parte do tríptico que coa ponte de Ondárroa e un monumento parisino completan o tríptico que lle dá o galardón ó que estivera aspirando moito tempo, a primeira medalla na Nacional de Belas Artes, en 1930. Regresa a España e segue o seu intenso traballo. Ilustra, cunha serie de augafortes, "Las hogueras de España", de Antonio de Hoyos y Vinent. Viaxa a Londres, onde expón en 1928 cun éxito total, xa que os coleccionistas británicos se apaixonan pola calidade técnica e o debuxo perfecto de Castro Gil. A obra do galego continúa a súa andadura e expón en Nova York, México, A Habana, Bos Aires. Desde 1934 é profesor da Escola Nacional de Artes Gráficas, na que, entre outros discípulos, conta nada menos que con José Gutiérrez Solana, para quen o galego auspicia unha homenaxe desde a agrupación que leva o seu nome, creada entre os seus discípulos e admiradores e da que é principal animador. Galicia tamén o agasalla. É nomeado membro correspondente das Reais Academias de Belas Artes do Rosario e da Galega. Á súa terra natal acudiu a miúdo na súa obra, como acontece coa exposición rexional de 1917, onde na sala de honor se exhiben varias paisaxes súas ó óleo, modalidade que cultiva ocasionalmente. Castro Gil toma apuntes nas cidades de Galicia, e, froito deles, é un grande repertorio temático no que destaca a súa peza á augaforte sobre o Pórtico da Gloria compostelán. Rematada a contenda civil, Castro Gil, seguindo a Goya, quen con Rembrant e Durero é o artista que máis admira, realiza unha serie de gravados titulada "Desastres de la guerra", onde consuma a expresión da súa excepcional técnica. Recibe encargos, que realiza sen concesión ningunha ó tópico, coma a serie sobre altos fornos e fundición de grandes pezas, para unha industria do País Vasco, exemplo da calidade do seu debuxo. Ama a súa cidade natal, á que doará tódalas ferramentas do seu taller privado e numerosas pranchas expostas hoxe no Museo local, de visita imprescindible para coñecer, de veras, o mundo persoal deste artista. Sen acougo, en plena gloria, falece en Madrid en 1961, cando conta 70 anos, e sucédenlle o maxisterio estendido e o prestixio inmurchable. Castro Gil é fundamentalmente un gravador augafortista, aínda que tamén domine, pola súa condición de debuxante segurísimo, a punta seca. O clarescuro, o vigor expresivo nas arquitecturas, a textura das súas impresións, a utilización de tintas inusitadas, coma as verdes, fan inconfundible o seu traballo. Todo nel é poderoso, seguro, impresionante. O escritor Wenceslao Fernández Flórez, que utilizou un debuxo de Castro Gil para a súa mellor obra, «El bosque animado», di do gravador: "Ten ben probada unha particularidade que, sen dúbida, habería que explicar por unha cuestión racial: por innatas inclinacións da súa natureza céltica. Sente as pedras e mailas árbores. Ama a ese ser maravilloso que, por estar suxeito á terra e vivir dela polas súas raíces e mais eleva-lo cume ó alto en aspiracións celestes, é o mellor símbolo do home ou case máis home ca un home, polo seu esquematismo cabal. Ama tamén as vellas ruínas cosidas con hedra, a fermosura que dorme no recuncho dunha rúa, a que xorde dun feliz amoreamento de casas, a dun simple muro en pé que aínda conserva un rosetón sen vidros. E ninguén sabe extraer tanta emoción coma el dos seus frecuentes veneros".
-Chamoso Lamas, Manuel: «Arte», en Galicia. Barcelona, Edit. Noguer. 1976. -VV. AA.: Un siglo de pintura gallega, 1880/1980. Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes, 1984. -Aguilera, Emiliano M.: Castro Gil. Su vida, su obra, su arte. Madrid, Edit. Aguilar, 1948. -Pablos, Francisco: Pintores gallegos del Novecientos. A Coruña, Fundación Barrié de la Maza, 1981. -Pablos, Francisco: Plástica gallega. Vigo, Caixavigo,1981. -Barreiro, Alejandro: Del arte gallego. Exposición regional. A Coruña, 1917. -Carrete Parrondo, Juan y otros: El grabado en España (siglo XIX y XX). Vol. XXXII de Summa Artis. Madrid, Espasa Calpe, 1988. -Rubio Martínez, M.: Ayer y hoy del grabado y sistemas de estampación. Tarragona, Edit. Tarraco, 1979. -Carballo Calero, Mª Victoria: Catálogo del Museo Provincial de Lugo. Lugo, 1960. -Ilarri Gimeno, Angel: Catálogo del Pazo Museo «Quiñones de León» Vigo, Concello, 1978. -Pantorba, Bernardino de: Historia y crítica de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Madrid, 1980.
|
|
|
| ||||||||||||
|
|
|
| ||||||||||||
|
|
|
|
Líneas agitadas cruzan el papel con un entramado fantasmal de ramas, que encierran entre ellas espacios blancos que sugieren el estremecimiento provocado por el viento sobre un paisaje imaginario. Utiliza dos tintas con gran habilidad.
«Antológica de Castro Gil», del 19 de octubre al 12 de noviembre de 1985, en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Caixavigo.
«Castro Gil», nº 28 de la serie «Grandes Artistas Gallegos», Catálogo de la Exposición.
Liñas axitadas cruzan o papel cun entramado fantasmal de pólas, que encerran entre elas espacios brancos que suxiren o estremecemento provocado polo vento sobre unha paisaxe imaxinaria. Emprega dúas tintas con grande habilidade.:
"Antológica de Castro Gil", do 19 de outubro ó 12 de novembro de 1985, na Sala de Exposicións do Centro Cultural Caixavigo
"Castro Gil", nº 28 da serie "Grandes Artistas Gallegos", Catálogo da Exposición.
Visor de Eventos |
|
|
| Título | Inv. | Tipo | Técnica | TipologíaTipoloxía | Autor | FechaData | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Filtrar: | |||||||
| PáginaPáxina 1 de 3 | |||||||
| Consultando de registrosrexistros | |||||||
Buscar en la colección:
Buscar na colección:
| Nombre ArtísticoNome Artístico | NombreNome | ApellidosApelidos | NacimientoNacemento | |
|---|---|---|---|---|
| Filtrar: | ||||
| PáginaPáxina 1 de 3 | ||||
| Consultando de registrosrexistros | ||||
| Título | Inv. | Tipo | Técnica | TipologíaTipoloxía | Autor | FechaData | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Filtrar: | |||||||
| PáginaPáxina 1 de 3 | |||||||
| Consultando de registrosrexistros | |||||||
Cargando Datos... |

Cargando Datos...