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La obra pertenece a la última época de Viola caracterizada por el uso de amarillos entre los que juegan azules y blancos. Es una pintura instintiva creada con gestos impulsivos que cantan, con libertad, la verdad interior del pintor. Los colores son luces y sombras que crean tensiones plásticas. Es una pintura expresiva, apasionada, que plasma sentimientos e inquietudes que escapan fulgurantes a cualquier reflexión. Son los latidos del artista que revela su intimidad buscando el placer de pintar. El uso de la espátula otorga espontaneidad a la composición.
«El Paso» sala del Banco de Granada 1978; Antológica del M.E.A.C. de Madrid 1988; "Viola Esencia)" exposición homenaje con motivo del décimo aniversario del Centro Cultural Caixavigo, 1994.
A obra pertence á última época de Viola, caracterizada polo uso de amarelos entre os que xogan azuis e brancos. É unha pintura instintiva creada con xestos impulsivos que cantan, con liberdade, a verdade interior do pintor. As cores son luces e sombras que crean tensións plásticas. É unha pintura expresiva, apaixonada, que plasma sentimentos e inquietudes que escapan fulgurantes a calquera reflexión. Son os latexos do artista que revela a súa intimidade, buscando o pracer de pintar. O uso da espátula outórgalle espontaneidade á composición.
“El Paso”, Sala do Banco de Granada 1978; Antolóxica do MEAC de Madrid 1988; "Viola Esencia”), exposición homenaxe con motivo do décimo aniversario do Centro Cultural Caixavigo, 1994.
Fascinante, disparatado, derrochador, angélico o demoníaco, ave nocturna, animador de cotarros, luminaria de voz rota por cien relentes y mil alcoholes, Viola fue el máximo exponente del expresionismo informalista español de los años 70-80, admirado, denostado, imitado, mal copiado hasta la saciedad y hasta el punto de que el múltiple Viola que él mismo quiso ser, y a lo que ayudaba con los juegos a que sometía a su nombre, se multiplica en obras apócrifas o simplemente falsas que llevan su firma, cresta agresiva en sus gallos pendencieros, dichos con cuatro trazos, con rachas de fuego exterminador, con centellas etéreas de fascinación
Desde muy joven siente pasión por el arte y simultanea la poesía, el dibujo y la pintura, en modos surrealistas. En los años de la República se traslada a Barcelona y toma contacto con el grupo ADLN. Son difíciles los años de la guerra civil, al concluir la cual se traslada a Francia, para instalarse en París y hacer amistad con Picasso y los surrealistas, en cuyas publicaciones semiclandestinas participa. En 1944 comienza a pintar al óleo, encontrándose en Normandía. Regresa a París al concluir la contienda mundial y expone con los famosos más avanzados, entre ellos Picabia y Hartung. En 1949 retorna a España y expone en Madrid en 1953 una pintura sorprendente para su tiempo, anticipadora de modos que intentarán los del grupo El Paso poco después, entre ellos Saura. En 1958 se vinculará a ese famoso grupo. Acude a bienales internacionales, como la de Venecia y la de Ecuador.
Sus exposiciones se suceden. Aparece en programas de televisión y es capaz de pintar un cuadro en media hora, ante el público, mientras pronuncia interminables y casi incomprensibles discursos con su voz de cantaor flamenco en jubilación forzosa, que ha imitado a Manolo Caracol.
Intelectuales de renombre son sus amigos. Inolvidables resultan las noches, hasta el alba, en su estudio, con pintura, versos, discusiones y libaciones sin fin.
Se suceden sus exposiciones, como decimos, y hay demasiados Violas en todas partes, porque su éxito conduce a la falsificación, dada la aparente facilidad con que se pinta un Viola. Sin embargo, su toque genial, esa explosión contenida de sus abstracciones; ese como hurgarle a la entraña de un volcán, el de su temperamento y corazón, hasta que surge la lava, la materia viscosa y quemante, el magma, es única, irrepetible, en la pintura española.
No todo Viola es de la misma calidad. En la última etapa de su vida se imitaba a sí mismo. Sin embargo, tiene un puesto indiscutible en la historia de la pintura española de la segunda mitad del siglo XX.
Fascinante, disparatado, derrochador, angélico o demoníaco, ave nocturna, animador de cotarros, luminaria de voz rota por cien relentes y mil alcoholes, Viola fue el máximo exponente del expresionismo informalista español de los años 70-80, admirado, denostado, imitado, mal copiado hasta la saciedad y hasta el punto de que el múltiple Viola que él mismo quiso ser, y a lo que ayudaba con los juegos a que sometía a su nombre, se multiplica en obras apócrifas o simplemente falsas que llevan su firma, cresta agresiva en sus gallos pendencieros, dichos con cuatro trazos, con rachas de fuego exterminador, con centellas etéreas de fascinación
Desde muy joven siente pasión por el arte y simultanea la poesía, el dibujo y la pintura, en modos surrealistas. En los años de la República se traslada a Barcelona y toma contacto con el grupo ADLN. Son difíciles los años de la guerra civil, al concluir la cual se traslada a Francia, para instalarse en París y hacer amistad con Picasso y los surrealistas, en cuyas publicaciones semiclandestinas participa. En 1944 comienza a pintar al óleo, encontrándose en Normandía. Regresa a París al concluir la contienda mundial y expone con los famosos más avanzados, entre ellos Picabia y Hartung. En 1949 retorna a España y expone en Madrid en 1953 una pintura sorprendente para su tiempo, anticipadora de modos que intentarán los del grupo El Paso poco después, entre ellos Saura. En 1958 se vinculará a ese famoso grupo. Acude a bienales internacionales, como la de Venecia y la de Ecuador.
Sus exposiciones se suceden. Aparece en programas de televisión y es capaz de pintar un cuadro en media hora, ante el público, mientras pronuncia interminables y casi incomprensibles discursos con su voz de cantaor flamenco en jubilación forzosa, que ha imitado a Manolo Caracol.
Intelectuales de renombre son sus amigos. Inolvidables resultan las noches, hasta el alba, en su estudio, con pintura, versos, discusiones y libaciones sin fin.
Se suceden sus exposiciones, como decimos, y hay demasiados Violas en todas partes, porque su éxito conduce a la falsificación, dada la aparente facilidad con que se pinta un Viola. Sin embargo, su toque genial, esa explosión contenida de sus abstracciones; ese como hurgarle a la entraña de un volcán, el de su temperamento y corazón, hasta que surge la lava, la materia viscosa y quemante, el magma, es única, irrepetible, en la pintura española.
No todo Viola es de la misma calidad. En la última etapa de su vida se imitaba a sí mismo. Sin embargo, tiene un puesto indiscutible en la historia de la pintura española de la segunda mitad del siglo XX.
-Bonet, Juan Manuel y Guigon, Emmanuel: Viola esencial.
Vigo, Caixavigo, 1994.
-Gaya Nuño, J.A.: La pintura española del siglo XX.
Madrid Ibérico Europea de Edic., 1970.
-Campoy, A.M.: Diccionario crítico del Arte español contemporáneo.
Madrid, Ibérico Europea de Edic., 1973.
-Moreno Galván, J.M.: Introducción a la pintura española actual.
Madrid, Pub. Españolas, 1960.
-Bias, J. de: Diccionario de pintores españoles contemporáneos.
Madrid, Estiarte edic., 1972.
-Bonet, Juan Manuel y Guigon, Emmanuel: Viola esencial.
Vigo, Caixavigo, 1994.
-Gaya Nuño, J.A.: La pintura española del siglo XX.
Madrid Ibérico Europea de Edic., 1970.
-Campoy, A.M.: Diccionario crítico del Arte español contemporáneo.
Madrid, Ibérico Europea de Edic., 1973.
-Moreno Galván, J.M.: Introducción a la pintura española actual.
Madrid, Pub. Españolas, 1960.
-Bias, J. de: Diccionario de pintores españoles contemporáneos.
Madrid, Estiarte edic., 1972.
Fascinante, disparatado, desbaldidor, anxélico ou demoníaco, ave nocturna, animador de cotarros, luminaria de voz rota por cen humidades e mil alcois, Viola foi o máximo expoñente do expresionismo informalista español dos anos 70-80, admirado, deostado, imitado, mal copiado ata a saciedade e ata o punto de que o múltiple Viola que el mesmo quixo ser e ao que axudaba cos xogos a que sometía ao seu nome, multiplícase en obras apócrifas ou simplemente falsas que levan a súa firma, crista agresiva nos seus galos loitadores, ditos con catro trazos, con rafas de fogo exterminador, con chispas etéreas de fascinación
Desde moi novo sente paixón pola arte e simultanea a poesía, o debuxo e a pintura, en modos surrealistas. Nos anos da República, trasládase a Barcelona e toma contacto co grupo ADLN. Son difíciles os anos da Guerra Civil e, ao concluír esta, trasládase a Francia, para instalarse en París e facer amizade con Picasso e cos surrealistas, en cuxas publicacións semiclandestinas participa. En 1944, comeza a pintar ao óleo, encontrándose en Normandía. Regresa a París ao concluír a contenda mundial e expón cos famosos máis avanzados, entre eles Picabia e Hartung. En 1949, retorna a España e expón en Madrid en 1953 unha pintura sorprendente para o seu tempo, anticipadora de modos que intentarán os do grupo El Paso pouco despois, entre eles Saura. En 1958, vincularase a ese famoso grupo. Acode a bienais internacionais, como a de Venecia e a de Ecuador.
As súas exposicións sucédense. Aparece en programas de televisión e é capaz de pintar un cadro en media hora, ante o público, mentres pronuncia interminables e case incomprensibles discursos coa súa voz de cantador flamenco en xubilación forzosa, que imitou a Manolo Caracol.
Intelectuais de sona son os seus amigos. Inesquecibles resultan as noites, ata a alba, no seu estudio, con pintura, versos, discusións e libacións sen fin.
Sucédense as súas exposicións, como dicimos, e hai demasiados Violas en todas partes, porque o seu éxito conduce á falsificación, dada a aparente facilidade con que se pinta un Viola. Porén, o seu toque xenial, esa explosión contida das súas abstraccións; ese como furgar na entraña dun volcán, o do seu temperamento e corazón, ata que xorde a lava, a materia viscosa e queimante, o magma, é única, irrepetible, na pintura española.
Non todo Viola é da mesma calidade. Na última etapa da súa vida imitábase a si mesmo. Porén, ten un posto indiscutible na historia da pintura española da segunda metade do século XX.
-Bonet, Juan Manuel e Guigon, Emmanuel: Viola esencial.
Vigo, Caixavigo, 1994.
-Gaya Nuño, J. A.: La pintura española del siglo XX.
Madrid Ibérico Europea de Edic., 1970.
-Campoy, A. M.: Diccionario crítico del arte español contemporáneo.
Madrid, Ibérico Europea de Edic., 1973.
-Moreno Galván, J. M.: Introducción a la pintura española actual.
Madrid, Pub. Españolas, 1960.
-Bias, J. de: Diccionario de pintores españoles contemporáneos.
Madrid, Estiarte edic., 1972.
La obra pertenece a la última época de Viola caracterizada por el uso de amarillos entre los que juegan azules y blancos. Es una pintura instintiva creada con gestos impulsivos que cantan, con libertad, la verdad interior del pintor. Los colores son luces y sombras que crean tensiones plásticas. Es una pintura expresiva, apasionada, que plasma sentimientos e inquietudes que escapan fulgurantes a cualquier reflexión. Son los latidos del artista que revela su intimidad buscando el placer de pintar. El uso de la espátula otorga espontaneidad a la composición.
«El Paso» sala del Banco de Granada 1978; Antológica del M.E.A.C. de Madrid 1988; "Viola Esencia)" exposición homenaje con motivo del décimo aniversario del Centro Cultural Caixavigo, 1994.
A obra pertence á última época de Viola, caracterizada polo uso de amarelos entre os que xogan azuis e brancos. É unha pintura instintiva creada con xestos impulsivos que cantan, con liberdade, a verdade interior do pintor. As cores son luces e sombras que crean tensións plásticas. É unha pintura expresiva, apaixonada, que plasma sentimentos e inquietudes que escapan fulgurantes a calquera reflexión. Son os latexos do artista que revela a súa intimidade, buscando o pracer de pintar. O uso da espátula outórgalle espontaneidade á composición.
“El Paso”, Sala do Banco de Granada 1978; Antolóxica do MEAC de Madrid 1988; "Viola Esencia”), exposición homenaxe con motivo do décimo aniversario do Centro Cultural Caixavigo, 1994.
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